Espirituales

El bálsamo del servicio

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestra tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.
2 Corintios 1: 2-3

 

Con frecuencia nuestro trabajo es una gran fuente de consuelo. En el campo de batalla de Gettysburgo hubo una horrible confrontación y entre los heridos se encontraba un cierto capellán llamado Eastman cuyo caballo le había dañado la espalda al caer sobre él. La noche llegó con su densa y temible oscuridad y aquel hombre, incapaz de ponerse de pie, yacía allí en su profundo dolor, pero en eso escuchó alguien que exclamaba con una débil voz:< ¡Oh Dios!> Al escucharlo se sintió motivado y se arrastró entre los charcos de sangre entre los muertos hasta llegar al lado de aquel moribundo y le habló de Jesús y de la salvación gratuita que le ofrecía. El hombre murió lleno de esperanza y precisamente vinieron dos soldados y le dijeron a Eastman que no muy lejos de allí se estaba muriendo el capitán y debían llevarlo hasta allí. De modo que, a pesar de su intenso dolor, se dispuso a llevar a cabo su obra de misericordia y mientras aún era de noche, habló de Jesús a muchos hombres moribundos. ¿Podía acaso tener un alivio mayor  para su dolor? Pienso que no. ¿Por qué? Porque creo que el haber permanecido allí sobre su espalda si otra cosa que hacer que no fuera gemir y llorar habría sido horrible, sin embargo, el echo de ser llevado a otros, a pesar de su angustia y dolor, para proclamar el mensaje de misericordia, ¡ hizo soportable el dolor de sus espalda!. Así mismo cuando extrañas a un amigo, o has perdido alguna posesión, o tu espíritu está cargado, encontrarás tu consuelo más seguro al servir a Dios con todas tus fuerzas.   

Charles Spurgeon.